
La orden era estricta: debían entrar al mar y enjuagar sus uniformes en tan solo tres segundos. Bajo una llovizna persistente y con olas agitadas, más de 200 cadetes se encontraban en la orilla, conscientes de las consecuencias si no cumplían con lo ordenado. Entre las filas de aspirantes a la Guardia Nacional, las represalias eran comunes: falta de sueño, restricciones alimenticias y aislamiento de sus familias, e incluso castigos físicos. Para evitar cualquier tipo de penitencia, la mayoría de los cadetes se lanzaron al mar aquella tarde, sin imaginar las consecuencias. Las olas los arrastraron mar adentro y a pesar de sus esfuerzos por regresar a la costa, la fuerza del Pacífico se lo impidió. Trágicamente, once jóvenes desaparecieron en la costa de Ensenada, Baja California, el pasado 20 de febrero, a tan solo días de su esperada graduación en la fuerza de seguridad. Cuatro cadetes lograron ser rescatados, pero siete lamentablemente perdieron la vida por ahogamiento.