
Marco Verde se encuentra en un estado físico magullado, cansado y extasiado tras su participación en las semifinales en París. Su nariz desviada, la ceja izquierda con un corte y su carcajada a todo pulmón son testigos de la intensidad de la competencia. Bajó del ring hace apenas unos minutos y ya está empapado de sudor, con la camiseta sin mangas pesando sobre su cuerpo y el vendaje de los puños aún tibio. Este boxeador mexicano, que alguna vez soñó con batear en las Grandes Ligas de Béisbol, ahora se encuentra peleando en el prestigioso escenario de la arcilla de Roland Garros, en París.
Su misión es clara: mostrar sus mejores puñetazos durante nueve minutos, divididos en tres rounds, en la gran final de los Juegos Olímpicos. Marco Verde ha logrado asegurar una medalla, un logro que su padre, también boxeador, nunca pudo alcanzar. Ahora, se prepara para enfrentar el desafío final y demostrar su valía en el ring.