
Enamorarse de un personaje ficticio puede ser una experiencia común para los amantes de la animación japonesa, como los otakus. Las relaciones parasociales, como las fictosexuales, han existido desde la llegada de los medios de comunicación. Según la escritora mexicana Paola Llamas Dinero, estas relaciones afectivas con personajes inexistentes pueden ser tan intensas como con una persona real. Los sentimientos que se generan hacia los personajes en pantalla pueden variar desde leves hasta abrumadores, llegando incluso a la obsesión por no poder conocer a esa persona en la realidad.